Cuando uno es mayor que miles de millones

Mayo 2017
AUTOR: COLIN TAUFER

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Amamos nuestros teléfonos inteligentes. Y cuando digo "nosotros", me refiero a casi todo el mundo. Cada año, como pueden atestiguar los maestros de todo el mundo, los estudiantes cada vez más jóvenes los llevan a la escuela y los encuentran indispensables, al igual que sus padres. A día de hoy, hay más de 2.5 millones de usuarios de teléfonos inteligentes en el mundo, y este número seguirá aumentando drásticamente durante los próximos años.  

Todos los usuarios de teléfonos inteligentes tienen docenas, a veces incluso cientos, de aplicaciones en sus teléfonos. Y cada una de estas aplicaciones, sin importar su especialización o nicho, sin importar cuán sofisticadas o simples sean, hacen una cosa: permiten al usuario, directa o indirectamente, comunicarse con los demás. Ésta es realmente la razón por la que amamos nuestros teléfonos inteligentes. Cada uno de nosotros lleva dos mil quinientos millones de hilos diminutos en nuestro bolsillo, que conectan a todos. Cada hilo está vinculado a alguien con quien podemos comunicarnos, con miles de millones de conexiones en todo el mundo. 

Enviamos emojis tontos a los amigos, videos divertidos a los miembros de la familia, correos electrónicos importantes a los compañeros de trabajo, recordatorios críticos a los clientes y selfies a los que amamos. Por supuesto, también podemos llamar a la gente, un uso del teléfono que parece haberse vuelto secundario.  

Más cerca de casa, toda esta conectividad permite que las familias se mantengan en contacto y coordinadas en un grado que nuestros abuelos nunca hubieran imaginado. Es bastante fantástico. Pero un emoticón de corazón nunca debe reemplazar un "Te amo" en persona, expresado con sincera sinceridad.  

Utilice su teléfono inteligente al máximo. Pero recuerde que muchos de sus momentos familiares más preciados e importantes fueron significativos porque hubo contacto personal. Esa única conexión humana era más valiosa que mil millones de conexiones digitales. Estabas cerca. Sentiste la emoción. Miraste en sus ojos.  

Fue entonces cuando tu novia se convirtió en tu prometidaé, cuando saludaste al mundo a tu recién nacido, cuando tuviste tu primer beso, cuando miraste a los ojos y finalmente entendiste, cuando tu hijo dijo su primera palabra, cuando una disculpa sentida resolvió el desacuerdo, cuando el aliento de tu papá te hizo sentir como tú podría atravesar una pared, cuando el toque de tu madre te curó el rasguño, cuando te acuestas bajo las estrellas con un querido amigo, las dos únicas personas en el universo.  

Reserve tiempo y espacio para un contacto personal ininterrumpido. Haga la conexión humana, no digital. Apague el celular, cierre el correo electrónico, silencie la música. Haga momentos más significativos con sus seres queridos. Haga una conexión más importante que los miles de millones.  

Autor: Colin Taufer

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